Carta digital para restaurante: cómo hacerla gratis

Una carta digital es tu carta consultable desde el móvil del cliente, sin ninguna aplicación que instalar. El cliente escanea un código QR de la mesa y la carta se abre en su navegador. Tú la modificas desde el móvil entre servicios: el plato del día que cambia, el pescado que se ha acabado, los precios que ya no tocabas porque reimprimir cuesta dinero.

Esta página responde a lo que se pregunta un hostelero antes de dar el paso: cuánto cuesta de verdad, cuánto se tarda, qué pasa cuando en el comedor no hay cobertura y qué exige la normativa de alérgenos.

Código QR de demostración, descargable sin registro. Crear la carta real

Bodega La Parra

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Carta, menú del día y sugerencias

En sala no son lo mismo. La carta lista tus platos por unidades, cada uno con su precio. El menú del día es una fórmula a precio cerrado — primero, segundo, postre, pan y bebida — y las sugerencias son lo que cambia según el mercado.

Una carta digital reúne los tres en la misma interfaz, detrás de un solo código QR. El cliente elige dónde mirar, y tú dejas de tener el menú del día impreso en un folio distinto que se moja, se pierde y se queda desactualizado a las cuatro de la tarde.

Lo que no cambia: el cliente pide a tu equipo, como siempre. Una carta digital no es un terminal de pedidos, y conviene tenerlo claro antes de instalarla.

Cuánto cuesta frente a la imprenta

El plan gratuito de Menumigo lo es sin fecha de caducidad y sin tarjeta: carta ilimitada, código QR, traducción automática y etiquetas de alérgenos.

La comparación útil no es con una cuota mensual, sino con lo que ya gastas en imprenta. Recupera el último presupuesto: entre plastificado, tirada mínima y carta de vinos aparte, un ciclo de impresión se cuenta en cientos de euros. Multiplícalo por las veces que rehaces la carta en un año.

Pero el coste que más pesa no aparece en ninguna factura: es la carta que no actualizas. Sube el proveedor y dejas el precio como está hasta la próxima tirada, porque rehacerlo todo por tres líneas no compensa. En un plato que funciona, unos meses de espera valen más que cualquier cuota — y ese gasto no lo contabiliza nadie.

Cuánto se tarda en ponerla en marcha

Fotografía la carta que ya tienes: la versión en papel, una foto de la pizarra o un PDF antiguo. La importación lee los platos, las descripciones y los precios y los ordena por categorías. Tú revisas, corriges lo que se haya leído mal y publicas.

Cuenta unos veinte minutos para una carta de sesenta platos, y la mayor parte del tiempo se va en la revisión. Después descargas el código QR y lo colocas donde quieras: caballete en la mesa, pegatina en la barra, esquina de la pizarra, mantel individual.

El QR no cambia nunca, aunque cambie la carta. Imprimes una vez y a partir de ahí solo modificas el contenido.

Alérgenos: qué exige el reglamento

La referencia es el reglamento (UE) n.º 1169/2011, aplicable desde el 13 de diciembre de 2014, que en España se desarrolla para los alimentos sin envasar mediante el Real Decreto 126/2015.

En la práctica: la información sobre los catorce alérgenos de declaración obligatoria debe estar a disposición del cliente antes de que pida, y por escrito. Un cartel que remita genéricamente al personal no basta por sí solo: tiene que existir documentación escrita consultable, y el cartel debe indicar dónde encontrarla.

Una carta digital cubre este requisito sin registros aparte: marcas los alérgenos una vez por plato y quedan escritos, consultables y actualizados junto con la ficha. El cliente filtra por su cuenta, y tu equipo deja de responder de memoria, que es donde aparecen los errores serios.

Para un caso concreto o una duda sobre tu situación, el interlocutor es la autoridad sanitaria de tu comunidad autónoma.

  • Cereales con gluten
  • Crustáceos
  • Huevos
  • Pescado
  • Cacahuetes
  • Soja
  • Leche
  • Frutos de cáscara
  • Apio
  • Mostaza
  • Granos de sésamo
  • Dióxido de azufre y sulfitos (> 10 mg/kg)
  • Altramuces
  • Moluscos

Cartas en varios idiomas para zonas turísticas

Si trabajas en Barcelona, Málaga, Palma, Alicante o San Sebastián, buena parte de tu comedor no lee español. La traducción automática muestra tu carta en el idioma del navegador del cliente: inglés, francés, alemán, italiano, neerlandés.

Sustituye con ventaja a la carta en inglés plastificada de hace cuatro años, esa en la que todavía aparecen tres platos que ya no sirves. Cuando cambias un plato en español, todas las versiones lo siguen.

¿Y si en el comedor no hay cobertura?

Es la pregunta más razonable de la lista, y en la que muchos proveedores se ponen vagos. Un comedor abovedado, un sótano, muros de un metro: el 4G no siempre llega, y una carta que tarda ocho segundos en abrirse es una carta que el cliente abandona.

Tres respuestas concretas. La página es ligera y carga con red lenta. Puedes mostrar la contraseña del wifi directamente en la carta, lo que resuelve el problema en la mayoría de los locales. Y guarda unas cuantas cartas en papel para las mesas donde no haya manera: el sótano, la terraza del fondo.

Qué conservas del papel

El paso al digital no sustituye a todo. Los precios deben mostrarse con el IVA incluido, y la exhibición en el exterior sigue siendo necesaria: el cliente tiene que poder conocer los precios antes de entrar.

Así que conserva el expositor de la entrada, unas cuantas cartas en papel en sala y pasa el resto a digital. Para el expositor exterior tienes diez plantillas gratuitas listas para imprimir.

Preguntas frecuentes

¿La carta digital es realmente gratis?

Sí. El plan gratuito no caduca y no pide tarjeta: carta ilimitada, código QR, traducción y etiquetas de alérgenos incluidos. Se pagan la fidelización, las estadísticas detalladas y la personalización gráfica.

¿Puedo cambiar la carta durante el servicio?

Sí, desde el móvil. El cambio es visible de inmediato para los clientes que escaneen después. Es el uso más habitual: avisar de que un plato se ha acabado sin ir mesa por mesa.

¿Mis clientes necesitan wifi?

No, les basta con sus datos móviles. Aun así puedes mostrar la contraseña del wifi en la carta, útil en locales donde la cobertura es floja.

¿Hace falta que el cliente instale una aplicación?

No. La cámara del móvil lee códigos QR desde iOS 11 y Android 9. Tu carta es una página web normal: nada que descargar ni ninguna cuenta que crear.

¿Cómo gestiono los alérgenos?

Marcas los catorce alérgenos una vez por plato y quedan disponibles por escrito y consultables, como exige el reglamento (UE) n.º 1169/2011. El cliente filtra la carta por su cuenta.

¿Tengo que reimprimir el QR cuando cambio la carta?

No. El QR apunta a la dirección de tu carta, no a un archivo: cambias el contenido las veces que haga falta y el código impreso sigue valiendo.

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